HISTORIA DEL AJEDREZ

  Su origen se pierde en el pasado, algunos historiadores dicen que fue invención de los griegos, que lo jugaban para entretener sus ocios durante el sitio de Troya; otros indican que se originó en la India en el siglo VI y los árabes lo introdujeron en Europa por Italia y España desde Persia en el siglo IX. El juego moderno se perfeccionó en Europa durante los siglos XV y XVI. Este rápido repaso se pormenoriza en los siguientes seis párrafos.

   Cuando Alejandro Magno marchó contra la India en el año 326 a.C., se le enfrentó una masa de infantería, caballería, carros y elefantes. Este tipo de ejército indio tradicional, dividido en cuatro sectores, se reflejaba en las piezas utilizadas en un antiguo juego indio de tablero, el chatarunga, que significa "cuatro partes" o brazos; éste a su vez fue reemplazado por un juego reconocido ya como ajedrez hacia el año 500 de nuestra era, fecha de su primera mención escrita. De la India no tardó en extenderse a Persia (hoy Irán) donde se hizo popular.

   Los persas heredaron muchos nombres y términos familiares del ajedrez. Los infantes eran piyadah o peones y el carro, hoy torre, se llamaba rukh, origen de la palabra "roque", con la que a veces se denomina la torre, así como del término "enroque". Shahmar significa "el rey está perdido" y de ahí el "jaque mate", el momento crítico en el que el rey de uno de los jugadores no puede escapar a la captura y pierde la partida. El "jaque mate" evoca los antiguos usos de la guerra, cuando un rey capturado, por el que se podía pedir rescate, valía más que muerto.

   En el siglo VII de nuestra era, el imperio persa sucumbió ante el Islam y el ajedrez viajó con las conquistas islámicas desde España, y más tarde por toda Europa Occidental, hasta las puertas de Constantinopla, de donde los vikingos lo llevarían al lejano norte.

   Las leyendas acerca del ajedrez son ricas y variadas; como la famosa historia de Alfonso VI, rey de Castilla y León que en 1087 sitió la ciudad mora de Sevilla, cuyo rey Al Mutamid, en su afán de salvarla, ofreció al sitiador un magnífico juego de ajedrez de ébano y sándalo y lo desafió a una partida; el que ganara conservaría el tablero y las piezas; al perdedor habría de concederle un deseo. Alfonso fue derrotado y aunque se quedó con el juego, tuvo que acceder al deseo del rey moro, que no fue otro sino que levantase el sitio.

   Este juego fue considerado, durante siglos una excelente prueba de carácter. Las historias abundan en reyes que otorgan o niegan la mano de su hija según se comporta el pretendiente en el tablero

   Durante el siglo VI, la reina (conocida originalmente como el ministro, consejero o visir) se convirtió en la pieza más poderosa del tablero y el ajedrez adquirió la forma que le aplicamos actualmente.

                                                         
LEYENDA

   Hay una curiosa leyenda que atribuye la invención del AJEDREZ a Sissa, hijo de Dahir, quien encargado de educar e instruir a un príncipe real, se propuso componer un juego en el que, no obstante ser el rey la figura principal, nada pudiera hacer sin ayuda de sus súbditos. Agradó tanto al príncipe el nuevo juego, que en un rasgo de generosidad, ofreció a su autor que pidiera lo que quisiera y éste, queriendo dar una lección a su real discípulo, le pidió un grano de trigo para la primera casilla, dos para la segunda, cuatro para la tercera y así sucesivamente hasta llegar a la sesenta y cuatro y que todos juntos se los entregaran. La petición tan modesta a primera vista fue concedida desde luego, pero hechos los cálculos resultó que todos los tesoros de la India no bastaban para satisfacerla. La cantidad de granos es de tal magnitud que hubiera que sembrar seis veces todos los continentes de la tierra.

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